Empezando a probar vinos

¿Cómo empezar a probar vino? Esta es una de las preguntas que creo que todos nos hemos hecho en la vida, ¿empiezo probando distintos valles y la misma cepa? ¿Pruebo cepas diferentes de distintos lados del mundo? ¿Con madera o sin madera? ¿Qué categoría de vinos comprar?... y tantas más.


Creo que no hay una sola respuesta, cada uno tiene que ir formando su camino según lo que vaya probando y según lo que le guste. Para qué decirle a alguien que parta por los espumantes, si su amor va por los vinos tintos. Lo importante es probar, eso sí, probar de todo.


En mi caso, cuando estaba empezando, partí con los vinos más económicos, siempre en la categoría que estaba más accesible dentro de lo que podía comprar. Sin embargo, hoy considero que fue un error. Convencido de que probar más era mejor, me fui por comprar botellas económicas que en su etiqueta marcaban diferentes cepas.


Lo que no sabía era que este tipo de vinos apunta a un público cuyo objetivo es tomar vino, así de simple, sin características que diferencien realmente entre una cepa y otra (menos decir la altura o condiciones especiales del lugar de donde vienen esas uvas).


Así me sumergí en un mundo en el que no entendía mucho, todo era “vino tinto”, así, a secas. No sentía aromas especiales o característicos de una variedad u otra, todo tenía el mismo olor, entre madera y frutos rojos o negros.


Empecé a aprender más y salí de esa “dificultosa” categoría (digo dificultosa porque aún hoy conozco a Sommeliers y Enólogos que no logran identificar completamente las cepas de esas categorías, son demasiado estándar), así al probar vinos que no están en la base de la pirámide, pero que sí en Chile podemos encontrar a un precio no restrictivo, ayudan a comprender realmente las diferencias entre una variedad y otra, entre un valle y otro o, incluso, entre la costa y la parte cordillerana del mismo valle.


Probar, probar, probar y probar. Las cuatro palabras más importantes del mundo del vino (a mi juicio), pero probar con calidad, o por lo menos, no desde la base de la pirámide del consumo. No ahí donde todo tiene el mismo gusto y aroma.





Anímense a partir, quizás tan simple como una botella diferente al mes, a la semana o al año; según lo que ustedes puedan. Lo importante es que una vez que lo hagan y abran ese vino, se tomen el tiempo para verlo, analizarlo, ¿qué color tiene? ¿hay alguna nota aromática diferente a los otros? Cuando lo pruebo, ¿siento algo especial en boca?